Montañas y tacones lejanos •Capítulo 2•

—¿Iván te ha llamado?

—Me llama todas las noches fingiendo interesarse por mi vida solo para dejar caer de forma casual alguna pregunta sobre cómo te va, si estás viendo a alguien, si hablas de él, si sales mucho por ahí… —le recriminaba Richi mientras mimaba a su chihuahua blanco con algunos restos de la cena—. Eres una tragona, Rossy, te vas a poner gorda y los otros perros ya no te van a mirar —continuaba, con su manía de tratar a la perrita como un bebé o como una extensión de sí mismo—. Creo que se siente solo… —siguió, en esa conversación que parecía mantener consigo mismo, mientras recogían los restos de una cena que habían preparado y compartido en casa de Richi—. Explícamelo de una vez, porque no lo entiendo… Tú estás sufriendo, él está sufriendo… ¿Por qué no acabas con este rollo de incertidumbre de una vez?

—Es lo mejor…

—¿Lo mejor para quién? —Como respuesta Ramiro resopló. Hacía un mes que Iván estaba en Huesca, viviendo a quinientos kilómetros de distancia, hablaban con frecuencia, pero no se habían visto ni hacían planes para hacerlo, y siempre que se juntaba con Richi su amigo le daba la murga intentando sonsacarle respuestas que él mismo no tenía—. Eres un capullo, ¿sabes?

Al fin consiguió hacerlo saltar.

—Solo hay una forma de que lo nuestro funcione, y es que uno de los dos renuncie a todo y siga al otro. No puedo pedirle que haga eso, y no creo estar preparado para hacerlo yo… Y ¿sabes lo que acabará pasando? Que Iván encontrará a alguien que se acomode mejor a su vida…

—Ya veo, te da miedo que te deje… ¿y tu solución es romper con él?

—No es definitivo…

—¿Eso qué significa?

—Joder, Richi, no lo sé…, pero sé que no va a funcionar… Mi única ventaja fue ser el primero…, pero tú sabes tan bien como yo que aquello fue una mentira. Se enamoró de alguien que no existe…

—Oh, venga, ¿crees que en estos últimos dos años no se ha dado cuenta de cómo eres en realidad? Aquello solo duró un par de semanas.

Un par de semanas en las que dejó que sus amigos lo convencieran para seducir al joven montañero que no había besado nunca a otro hombre. Entre todos le inventaron un romance idílico al chico tímido y enamoradizo que había crecido en un pequeño pueblo sin poder explorar su sexualidad. Entonces no imaginó que fuese capaz de abandonarlo todo para ir en busca de ese amor de ficción. No podía dejar de preguntarse si, de no haber sido por aquella charada, Iván se habría enamorado del verdadero Ramiro.

—No puedo con esto, ¿vale? Ese rollo de la obediencia militar, no lo entiendo…, joder, yo los hubiera mandado a la mierda. No dejo de cabrearme con él… porque todo tiene que ser un puto secreto, y… me vuelve loco que cada tío que conoce a Iván se pregunte por qué está conmigo…

—Estás paranoico…

—¿Crees que exagero? ¿Sabes cuál es la broma que más he escuchado en estos últimos dos años?: «Confiesa, Ramiro, ¿qué es lo que has hecho para engañar a ese tío?». Dímelo tú, Richi, ¿qué es lo que hicimos para que siga tan enganchado? Un día se dará cuenta y se irá… No puedo perder mi carrera también, es lo único que tengo…

—Eso no es verdad, vales mucho más que tu patética carrera de fotógrafo… Tenéis que volver… —se quejó Richi, con un lamento casi infantil—. Eres el último hombre del planeta al que esperaba ver locamente enamorado…, verte tan pillado de Iván hace que recupere mi fe en el amor… y Rossy quiere volver a veros felices, ¿verdad, bebé? —dijo plantándole un besito en sus minúsculos morros a su mascota.

—Bueno, si es para que recuperes tu fe en el amor, tendré que hacer un esfuerzo… —bromeó el fotógrafo—. ¿Alguna novedad de André? —preguntó en un giro deliberado de tema.

—Nah… —respondió Richi componiendo su mejor gesto de diva ofendida—. Sigue con su bailarín adolescente…

André había sido el novio de Richi durante casi tres años, tres años en los que el joven estilista había estado convencido de que había encontrado el amor de su vida, de que aquel coreógrafo diez años mayor que él era el hombre definitivo… Hasta que André se lio con uno de los bailarines de la compañía que dirigía y rompió la relación de un día para otro, sin previo aviso y sin anestesia, como solía explicar Richi, que seguía sin ser capaz de reconstruir su corazón destrozado.

—No es tan joven…

—Vale, prométeme que si rompes con Iván definitivamente —siguió con gesto vengativo— te ligarás al pequeño capullo para que pueda haceros fotos y mandárselas al gran capullo.

Ramiro contestó riendo, pues sabía que su amigo solo hablaba por hablar.

—¡El amor es una mierda!

—Brindemos por eso… Venga, emborrachémonos… —Richi se levantó para buscar una botella de vino, pero antes de alejarse vio el gesto compungido de Ramiro—. Sigues con esa chorrada de no beber. ¡No me lo puedo creer!… ¿Hasta cuándo piensas seguir con eso? —Richi conocía la historia sobre la que solían bromear, la promesa que había hecho Ramiro de no volver a beber si Iván salía de la cueva en la que estuvo perdido durante casi cinco días; una promesa que hizo por hacer, en medio de la frustración, pero que coincidió con el día en el que Iván efectivamente salió sano y salvo, por lo que se sentía en la obligación de cumplir con el compromiso de abstinencia.

—Sé que es una estupidez, pero no puedo, te lo juro… Cada vez que pienso en beberme una cerveza, no dejo de pensar que si doy un sorbo le pasará algo a Iván… —Ahora el que reía era Richi—. Imagina que me tomo una copa y le pasa algo, no me lo perdonaría nunca…

—Si ni siquiera crees en Dios…

—Lo sé…, aunque suelo equivocarme con frecuencia, así que… ¿quién sabe?

—Sigues enamorado… —sentenció el estilista.

—Claro que sigo enamorado. Ojalá solo dependiera de eso…

Los dos amigos continuaron en la misma dinámica aquella noche. Desde que Ramiro había vuelto a Madrid pasaban muchas horas juntos, sin ningún objetivo claro, solo hablando de todo o de nada, durante horas. La suya era una de esas amistades que se forman por ensayo y error. Hacía más de una década que trabajaban junto a Tony y Al en la firma de moda Alfred & Valenty. Eran personalidades completamente opuestas; cuando se conocieron ni siquiera se habían caído bien. Pero solían salir por los mismos sitios, con personas que se conocían entre ellas, y durante años compartieron la misma afición al sexo sin compromiso, así que, a fuerza de encontrarse, acabaron por aceptarse. Con los años, habían visto lo peor el uno del otro, los momentos más bajos, las borracheras de vomitonas, los ligues fallidos, las humillaciones públicas, las meteduras de pata, incluso habían follado una vez, un error que se habían esforzado en borrar de su memoria. Ya no tenían nada que demostrarse u ocultarse, no había necesidad de fingir o mentir. A base de cagarla acabaron haciéndose amigos, o más bien cómplices, y esa complicidad al final del trayecto se traducía en una sola cosa: que sabían que pasara lo que pasara, podían contar el uno con el otro.

—Bueno, ¿qué era eso que me tenías que enseñar? —Ramiro volvió al tema que supuestamente los había llevado aquella noche al piso de Richi.

—Vale, necesito una opinión sincera, pero no hace falta que seas cruel. —Y eso último lo dijo con intención, adelantándose a lo que sabía que podía esperar de su amigo—. Solo es una prueba, aún no tengo nada definitivo… Estoy probando algunas cosas, así que solo necesito que me digas si va bien encaminado… o si estoy meando fuera del tiesto y es mejor que lo olvide por completo…

—¡Suéltalo de una vez, Richi!

Okey… —Richi se levantó otra vez, visiblemente inquieto, fue a la habitación contigua y regresó con un portafolio amplio de color naranja chillón que sujetaba como si fuese una pieza de porcelana china—. Vale…, he estado trabajando en algunos diseños…

—¿Tú? ¿Dibujas? —lo interrumpió con sorna.

—Si vas a ponerte gilipollas no te lo enseño…

—Vale, vale…, solo bromeo. Deja que lo vea.

Richi aún dudó unos instantes, mirándolo con los ojos entrecerrados como queriendo descifrar si seguía burlándose, antes de ceder y dejarle el portafolio. Ramiro lo llevó hacia la mesa y lo abrió. Dentro había varios bocetos tamaño DIN A3 con diseños de moda que Ramiro empezó a observar con seriedad a un ritmo pausado… Demasiado pausado en opinión de Richi, que aguardaba ansioso una señal del fotógrafo de moda. Ramiro, sin embargo, continuó pasando los dibujos muy despacio, con gesto concentrado, pero sin revelar en absoluto lo que pasaba por su cabeza. Al cabo de unos minutos, el estilista intentó sacar algo de información.

—Bueno, ¿qué…?

Pero Ramiro no lo dejó terminar, y le indicó, solo con el gesto escaso de un dedo, que no lo interrumpiera, lo que puso aún más nervioso al joven rubio.

—¿Le has enseñado esto a Tony?

—¡No! No se lo he enseñado a nadie aún… Te los quería enseñar antes a ti. Ya sabes cómo es Tony, incluiría alguno en su colección solo para no herir mis sentimientos…, así que no quiero enseñárselos si te parece que son una mierda…

Ramiro solo asintió lentamente sin dejar de observar los dibujos con detenimiento mientras Richi se mordía las uñas sin perderlo de vista. Cuando al fin llegó al final del portafolio, aún tuvo que esperar a que el fotógrafo volviera a mirarlos una vez más desde el principio. Tras una espera agónica, al fin su amigo le prestó atención.

—Tienes que enseñárselo a Tony.

—¿Tú crees?

—Esto podría salvar la firma. Es justo lo que necesita.

—¿En serio?

— Alfred era el de las ideas, a Tony nunca se le dio bien crear algo nuevo. Tony solo les daba forma a las ideas locas de Al… Sabe elegir el corte adecuado, la tela perfecta y cómo convertir un diseño en algo versátil o funcional…, pero esto —dijo refiriéndose a los dibujos— es justo lo que le falta.

—Entonces ¿te parecen buenos?

—Son la hostia, Richi. Esto, esto es muy bueno. ¿Por qué no habías diseñado nada antes?

—Sí que lo hacía, pero solo para mí… Ya sabes, yo nunca estudié diseño…, solo se me daba bien combinar complementos… ¿De verdad te gusta?

—Me encanta, tiene un estilo muy claro y coherente, y además es muy innovador… Le daría una vuelta a lo que ha estado haciendo Tony, que no ha sido muy acertado que digamos. Necesita algo así.

2 replies on “Montañas y tacones lejanos •Capítulo 2•

  • Emilio

    Ya está Ramiro comiéndose el “tarro”, no sería el mismo si no lo hiciera.
    Supongo que en esta segunda parte como está la Guardia Civil de por medio la historia se volverá un tanto oscura y con un toque de intriga. ¿Voy bien o meto la pata?.

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